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"A finales del siglo XIX, tiempo de grandes migraciones de Europa para las Américas, el obispo de Piacenza, Monseñor Juan Bautista Scalabrini, preocupado con la migración, fundó dos Congregaciones para acompañar los migrantes: los Padres Scalabrinianos en 1887 y las Hermanas Misioneras Scalabrinianas en 1895.

Las cuatro primeras Hermanas, después de la profesión de los votos en las manos del fundador, monseñor Juan Bautista Scalabrini, partieron para el Brasil. Entre ellas estaba Madre Assunta Marchetti a quien se debe la preservación y el florecimiento del carisma inicial de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas. Este es el motivo por el cual la consideramos Cofundadora de la Congregación, juntamente con su hermano padre José Marchetti.

La Congregación de las hermanas Misioneras Scalabrinianas se encuentra hoy presente en 27 países, siendo señal del amor de Dios entre los hermanos y hermanas migrantes".

SÍNTESIS BIOGRÁFICA

Madre Asunta Marchetti

Nació en Lombrici di Camaiore (Lucca) el 15 agosto 1871 y murió el 1° julio 1948 en São Paulo (Brasil), en el Orfanato Cristóbal Colón, junto a las huérfanas como siempre había querido. Ella, como Jesús, “Pasó la vida haciendo el bien a todos”.

Madre Assunta es la Cofundadora de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas. Ella amó intensamente al prójimo, especialmente sus hermanas de congregación, dedicándose de modo preferencial a los migrantes, a los huérfanos, a los enfermos, a los más pobres y sufridos.

En el amor a Jesús eucarístico y a la Virgen  Santísima encontró la fuerza  en todos los momentos de su humilde existencia, durante la cual pasó varias veces de superiora a cocinera. Vivió su vida y misión en varias ciudades de Brasil, en los Orfanatos, en las casas de Salud y siempre se manifestó generosa y dispuesta “a extender sus brazos a los infelices y a abrir las manos a los pobres” (cf. Pv 31,20).

Ella fue amiga de Dios y del prójimo necesitado, por esto podemos invocarla en nuestras necesidades.

 

Asunta Marchetti - Madre según el corazón de Dios


Todas las Hermanas MSCS están de acuerdo en que la Madre Asunta Marchetti es una mujer santa. Pero para nosotras de la Provincia Nuestra Señora Aparecida ella es mucho más que una hermana santa. Y es en esta perspectiva que les voy a hablar de esta mujer que nunca jamás se atribuyó algún mérito.

 

Introducción

Todas las Hermanas MSCS están de acuerdo en que la Madre Asunta Marchetti es una mujer santa. Pero para nosotras de la Provincia Nuestra Señora Aparecida ella es mucho más que una hermana santa. Y es en esta perspectiva que les voy a hablar de esta mujer que nunca jamás se atribuyó algún mérito.

 

Historia personal
Es la tercera de los once hijos de Carolina Guillarduci y Angelo Marchetti. La primera entre sus hermanas. Nació en Lombrici de Camaiore, provincia de Lucca, Toscana, Italia, en el día 15 de agosto de 1871. Fue bautizada en la Coleggiata de Camaiore, pero sus primeras experiencias de Dios las vivió en Lombrici. Luego en Camaiore cuando era adolescente y joven. Seguramente, en los estudios, no pasó de la primaria. Era muy prendada para los servicios de la casa, con los menores, con las manualidades. Por su constitución física robusta y saludable sustituía, cuando necesario, el papá o el hermano José en la lida en el molino. Retrasó su entrada en el Carmelo para ayudar a la mamá debilitada en la salud y con tantos hijos pequeños. El año 1892 fue para ella un tiempo de profundas emociones: José Marchetti, su hermano, fue ordenado sacerdote a los 23 años lo que ciertamente le fue de gran consolación y júbilo. Pero, en este mismo año se le murió el papá. Un motivo más para posponer su ingreso en el Carmelo de Camaiore.

 

Historia en la Congregación MSCS
El corazón y la mente de Asunta Marchetti estaban totalmente orientados a la vida de clausura, aspiraba profundamente una vida de escondimiento, silencio, oración y trabajo. Un día, P. Marchetti llegó a la casa cuando volvía del según viaje a Brasil acompañando a los emigrantes italianos en la travesía. Había hecho una cosa muy buena para los niños italianos huérfanos: un orfanato en donde se les brindaría una educación integral. Le dijo que 250 niños esperaban por cuidados de todos los tipos: físico, espiritual, cultural, psicológico, social y profesional. “Son niños y son italianos” le decía él. Como resistía y seguía adelante con su idea de enclaustrarse, P. Marchetti le pidió que fuera preguntar al Sagrado Corazón de Jesús que es que pensaba al respeto.
Asunta comprendió que Dios le pedía para cambiar su proyecto personal para abrazar aquel que Marchetti le presentara: la misión. Desde este instante Asunta fue la madre, la hermana, la enfermera, la educadora, la sierva de los huérfanos y abandonados en el exterior. Jamás volvió, o deseo volver atrás. Fue misionaria a tiempo pleno de los últimos en la migración.
Con sus compañeras: Carolina Guillarduci (mamá), Maria Franceschini y Angela Larini (vocacionadas de P. Marchetti en Compignano), se fue a Brasil pasando por Piacenza para recibir el envío y el Crucifijo (compañero inseparable) de las manos del beato Juan Bautista Scalabrini, fundador de la Pía Sociedad para los emigrantes a la cual pertenecía P. Marchetti, el día 25 de octubre de 1895, este día es considerado el día del ATO DE FUNDACIÓN de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas, en la época: Siervas de los Huérfanos y Abandonados en el Exterior. Fue el único día en que estuvieron reunidos el fundador Beato Monseñor Juan Bautista Scalabrini y los dos co-fundadores Siervos de Dios Padre José Marchetti y Madre Asunta Marchetti. Al año siguiente, 14 de diciembre de 1896, P. Marchetti agotado por las fatigas apostólicas entrega su bella alma a su creador y único Señor. La superiora de la pequeña comunidad, Carolina Guillarduci, no soportando la altísima presión que sobre ella cayera con la muerte del hijo, abandona la comunidad y vuelve a Italia. Hermana Asunta sigue con su misión, ahora mucho más exigente y sufrida: sin José y sin Carolina. Las dos compañeras se enferman, también por las carencias sufridas. Una muere en 1899 y la otra en 1901.
En 1900 junto con sus compañeras escribe a Scalabrini pidiendo protección, pues las Hermanas que él había mandado para ayudarlas quería cambiar todo: nombre, misión, hábito. Sin una respuesta directa tuvo que callarse y obedecer por siete años. Después que los dos institutos se separan, ella organizó otro noviciado por orden del obispo del lugar. Luego en 1912 Madre Asunta y sus compañeras hacen los votos perpetuos y ella es nombrada, por el ordinario del lugar, Superiora General de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas. En 1927 una vez más, nuestro instituto sufrió otro cisma, de esta vez con las Clementinas que querían cambiar nombre, misión y hábito. Hubo intervención de la Santa Sede. Una vez más Madre Asunta debe tomar en manos el timón de la Congregación. Es electa Superiora General. En 1934 debe escribir la historia el instituto y con el auxilio de un escribano recuenta en Brevi Cenni el camino recorrido por las Hermanas MSCS hasta aquel año. En 1948, el 1 de julio, en paz consigo y con todos descansa para siempre en el Señor luego de comulgar en las horas de la mañana. Todos y todas sabían en su corazón que una santa se había muerto. La Congregación estaba segura y consolidada. En este mismo año sus constituciones fueron aprobadas y pasó a ser de derecho pontificio.

 

Personalidad
De personalidad firme y fuerte, pero desde niña trabajada, forjada en el silencio, el madrugar, el orar, el escuchar, el ayudar, el servir. Extremamente exigente consigo misma y extremamente humana con los y las demás. Gran capacidad de superación, auto control, de trabajo, de aguante, resistencia, iniciativa y organización. Excelente en la convivencia, gran capacidad en “quebrar el hielo”, mucho humor, alegre, simple, inteligente, tierna. A todos aproximaba.

 

Espiritualidad
Misionera en todo y con todo. Para hacer la voluntad de Dios es que vive. En tiempos de mucha turbulencia era capaz de mantener la serenidad que solo se ve en Jesús que duerme en el barco cuando todos están desesperados por la tempestad. Vivía tan unida a Jesús que la gente pedía que las tocara. Su humildad se desarrollo tanto que podía decir serenamente: “Somos como los tapetes que después de servir para limpiar los pies de todos y todos, se lo echan a un rincón, pues ya no sirve más”. Ver y callar, oír y callar, sentir y callar. A la Madre Asunta se aplica muy bien la frase de San Pablo: “Nosotros los fuertes debemos soportar las debilidades de los débiles” (Rm 15,1). Podía ser enviada a cualquier lugar y hacer cualquier trabajo, pues era consciente de que “el Dios de aquí es el mismo Dios de allá”. Ningún enemigo, ni llamadas de atención, ni desprecio, ni elogio, ni cargos, ni trabajos “humildes”, ni autoridades eran capaces de hacerla titubear en su serenidad y seguridad interior. De Madre Asunta podemos decir que era una mujer “entera”, “una”, jamás se pudo vislumbrar sombra de duplicidad en ella. Auténtica, humilde, atenciosa, amiga, firme, alegre, pues su seguridad siempre estuvo en el Señor Jesucristo.

 

Madre según el corazón de Dios
Un mujer de poquísima escolaridad, pero dotada de gran conocimiento del ser humano, de capacidad de comprensión de sus debilidades, límites, carencias, necesidades… Era e para mi todavía es una mujer de atención atenta hacia los demás. Jamás se atribuyó títulos o honrarías por haber sido el “start” de la congregación, por haberla sostenido después de la muerte de Marchetti, de la “invasión de la Apóstolas”, del segundo (tercero) noviciado, del cisma de las Clementinas, de ser la autora la primera síntesis histórica del instituto, de ser la promotora del reconocimiento de la congregación como de derecho pontificio. Todo lo hizo por amor a las co-Hermanas y a los huérfanos y huérfanas. Madre Asunta amaba con un amor concreto, era visible su capacidad de amar, de donarse, de anonadar para que otras/otros pudieran aparecer. Siempre y en todo los demás tenían la preferencia, la precedencia. No tengo ningún problema en decir con todas las letras que Madre Asunta Marchetti es la Hermana MSCS según el corazón de Dios, como lo fue el rey David.

 

Conclusión
Hemos descubierto Madre Asunta Marchetti en el capítulo especial de 1966-68 cuando nos la presentaron como cofundadora de la congregación. Desde entonces venimos poco a poco descubriéndola no solo como cofundadora, pero también como la columna que sostiene la identidad congregacional, la hermana que vivió a la heroicidad las virtudes teologales, la vida comunitaria como laboratorio de scalabrinianidad. ¿Quién más que ella supo amar las co-hermanas? ¿Quién más que ella supo desaparecer para dar lugar a otros/otras? ¿Quién más que ella supo renunciar, elegir lo más desagradable para “economizar” las demás? ¿Quién más que ella supo amar, acoger y dar espacio a los diferentes? Una vez más se puede citar San Pablo: “¿Qué no hago yo para salvar un alma?” (Cf. 1Cor 9,22).
Mientras nos preparamos para celebrar su sexagésimo primero aniversario de muerte en la esperanza de la resurrección, dejemos que su historia, su vida y sus hechos nos impregnen para que también nosotras/os podamos un día ser luz en el camino de los migrantes más necesitados, de manera muy especial los niños y niñas migrantes.

 

Bibliografía
MARCHETTI, Asunta, Brevi Cenni, Sao Paulo, Brasil, 1934.
DELFORNO, Zulmira, Identidade Espiritual das Irmas Missionarias de Sao Carlos Borromeo – Scalabrinianas, Edições Loyola, São Paulo, Brasil, 1990.
DALTOE, Reni, Um Carisma de Serviço aos Migrantes, Roma, Itália, 1993.
RIZZARDO, Redovino, Hacia la Pátria – El Carisma Scalabriniano em la Iglesia, Ediciones Scalabrinianas, Merlo, Argentina, 1993.
BOTELHO DOS SANTOS, Neuza, Autonoacao segundo a Sagrada Escritura na vida de Padre José Marchetti, Edições Loyola, São Paulo, Brasil, 1994.
BONDI, Laura, Virtudes da Serva de Deus Madre Assunta Marchetti, Edições Loyola, São Paulo, Brasil, 2004.


                                                                                                        Hna. Erta Lemos, mscs

 

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